Tribuna Marca

De tal palo…

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Jose Espín

El Mundial de Fórmula 1 ha llegado a su fin, y lo ha hecho a lo grande, con emoción, con incertidumbre y coronando al campeón en la última carrera. Nico Rosberg se lleva el gato al agua en un fin de semana marcado por el incierto final que nos esperaba el domingo.  Si bien todas las quinielas y posibles variables de final de carrera otorgaban al hijo de Keke el favoritismo propio de quien llega con ventaja en la clasificación general, no deberíamos olvidar que su rival era, hasta ayer, el vigente campeón de mundo Lewis Hamilton. Como tampoco hemos de olvidar que, como a mí me gusta llamarlos, los intangibles de las carreras te llevan a situaciones desagradables y a perder mundiales de forma inverosímil, como cuando se toman decisiones equivocadas en los muros, cuando un motor dice basta, o el piloto que busca su momento de gloria decide inmiscuirse en una pelea que ni le va ni le viene. Pero esto, por suerte para Nico, no sucedió.




Y no es que se no se dieran las circunstancias para que no pasara, no, porque Lewis lo intentó, lo provocó y lo buscó hasta la saciedad, hasta la bandera a cuadros. El inglés ralentizó la carrera, hasta el punto que a falta de 5 vueltas los cuatro primeros rodaban en menos de 2 segundos. Para muchos podía parecer una guarrada, una de esas estrategias feas y fuera de lugar como tantas cosas que este genial piloto nos ofrece y que nos hace amarlo y odiarlo a partes iguales, pero era la única opción que tenía, pues el reglamento le otorgaba esa posibilidad, su triunfo pasaba por ganar, por tratar de poner entre él y su oponente la mayor cantidad de coches posible, aunque con dos le bastaba. Pero no pudo ser. Tal vez olvidó que su máximo rival conducía la misma máquina que él, y además deseaba el título tanto o más. Y prueba de ello fue que Nico arriesgó, viendo la lentitud con la que Lewis marcaba los tempos de la carrera se vio con opción de pasar a Max y lo hizo, vaya si lo hizo. En ese momento se vio ganador y en ese momento Lewis entendió que lo tenía cuesta arriba, pero no iba a cejar en el empeño, esperando el intangible.

Probablemente si la situación hubiera sido a la inversa igual no hubieran acabado ninguno la carrera. ¿Esto os suena verdad? Vettel y Verstappen eran sus aliados, unos convidados de piedra para un destino incierto. ¿Merecido? Sin duda, cualquiera de los dos pilotos Mercedes merece este campeonato, su dominio así lo demuestra, pero el que supo estar, el que aguantó cuando debía y sacó puntos sin victorias asumiendo lo que es un campeonato de regularidad fue Nico, y justo es este premio que le da derecho a portar el número 1 la próxima temporada.
El hijo de Keke, al que ya podemos llamar ‘el padre de Nico’, supo sufrir. Todos tenemos claro que no es un talento como otros en la parrilla; tiene un gran coche, sí, pero hay que pilotarlo y llevarlo a casa cada carrera y él lo hace. Pero de tanto pelear con los grandes se te pegan cosas, y él ha sido listo absorbiéndolas. Keke y Nico entran a formar parte, también, de un club donde sus únicos miembros eran los Hill, Graham y Damon. Donde padre e hijo han sido Campeones del Mundo de la especialidad.




Para mí es justo campeón. Supo lidiar en un momento complicado con fuerza mental y no cayó en la desesperación de ver como todo el mundo lo tenía entre ceja y ceja con el fin de quitarle lo que tanto deseaba. Un deseo que buscaba desde que hace diez años saliera de Montmeló, después de una jornada de test, con los auriculares puestos, saltando y moviendo los brazos al son de la música que escuchaba, entonces con cara de niño y ahora hecho todo un piloto, uno campeón del mundo. Enhorabuena, Nico.

Importante ha sido este título mundial, que lo es, pero ha habido más cosas en la carrera. Hay que resaltar la actuación de Sebastian Vettel, que no es santo de mi devoción, pero cuando lo hace bien se le aplaude y no pasa nada. Su estrategia diferente lo llevó a pelear el segundo cajón del podio, se aprovechó del exceso de vueltas en las ruedas de Verstappen y casi obra el milagro de Hamilton.




Max Verstappen hizo lo que todos esperábamos, se metió en la guerra, pero forzó demasiado y acabó cuarto. La próxima temporada dará muchísimo de qué hablar y en esta ha puesto las orejas tiesas a todos.

Reseñar una vez más la carrera de los Force India. Esto ya no extraña a nadie, pero no me canso de alabar a Sergio y Nico, finalizando su escudería, gracias a ellos, en el cuarto puesto del mundial de constructores.




También hay un capítulo de despedidas, Jenson Button y Felipe Massa no volverán a estar en la parrilla.
A uno, Jenson, se le echará de menos por ser todo un caballero, dentro y fuera de la pista. Su despedida no fue la mejor para un campeón del mundo, no merecía irse en la vuelta 12, pero aun así se dio su particular baño de masas en el paddock.  Al otro, Felipe, el cual ya se despidió de su gente y de casi todo el paddock en el pasado Gran Premio de Brasil, lo echaremos de menos por las trifulcas dialécticas con pilotos como Hamilton y Alonso, y por ser el campeón más efímero de la historia tras aquella carrera de Brasil 2008.  Sea como fuere, con más o menos afinidad por uno u otro, gracias a ambos por ser parte de este circo, por haber competido cuando las cosas no iban bien y por ofrecernos el espectáculo de ir al límite y hacer soñar a tantos y tantos fans. Until forever Jenson, obrigado Felipe.

En nuestro particular campeonato de España esta semana no ha habido color. Fernando Alonso estuvo por encima de Carlos Sainz, y buena prueba de ello es que ningún Toro Rosso acabó la carrera: el de Carlos por un toque con Palmer que arruinó sus opciones de sacar algún puntito en un circuito que no les iba del todo bien, Fernando por su parte sacó un punto con su décima posición, y finiquita así la temporada también en décima posición y sexto en constructores (que viendo lo que hay en McLaren-Honda, ya es todo un premio), justo por delante de Carlos. Esperamos y deseamos que la próxima campaña sea muchísimo mejor para ambos.




Poco más que contar. Veremos lo que ocurre este invierno con los preparativos de los nuevos coches de 2017, la adaptación de los equipos a la nueva normativa, con nueva aerodinámica, ruedas más anchas (las cuales Pirelli ha hecho redondas, y ya es un paso importante) nueva normativa de evolución de la unidad de potencia y todo más abierto que nunca. Quien acierte en los primeros compases del curso tendrá mucho ganado.

A día de hoy, solo faltan 116 días para que todo vuelva a rodar y volvamos a vivir la pasión de la competición más grande del mundo del motor.

Nos vemos pronto. Y si no, ¡hasta Australia!

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